viernes, 3 de octubre de 2014

Perfil de Mario Salas, el técnico “más interesante del fútbol chileno” según Jorge Sampaoli

Pese a perder 1 a 0, la prensa sudamericana regaló elogios para la presentación de Huachipato en el Morumbí por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana.

Acá un perfil de Mario Salas en mi columna de esta semana en el sitio www.pasionlibertadores.com @panchosagredo


Solo seis mil personas había el martes en el Morumbí de San Pablo. Poco público para un duelo de octavos de final de la Copa Sudamericana. La irregular campaña del local en el Brasileirao, el desinterés de los brasileños en las rondas iniciales de los torneos continentales y el escaso cartel internacional del rival de turno, Huachipato, explican la escasa convocatoria.

Sin embargo, lo ocurrido sobre la enorme cancha paulista debe haber sorprendido a quienes no habían visto en acción al equipo “acerero” (el club es propiedad de CAP, principal grupo siderúrgico chileno).
Huachipato cayó por la mínima, pero dejó abierta la llave y logró equiparar, y por varios pasajes superar, el poderío futbolístico de un equipo que cuenta en su plantel con estrellas de talla planetaria: Luis Fabiano, Pato, Kaká, Michel Bastos, Rogerio Ceni, etc.
Al final no pudo Huachipato. Pero lo positivo es que sigue vivo pensando en avanzar de ronda y le presentó al continente una grata imagen en las ligas mayores.
Es cierto que el local reservó a varias de sus figuras y jugó medio partido con uno menos por la expulsión de Luis Fabiano, pero más allá de las circunstancias puntuales, el equipo chileno se paró de igual a igual y con tres atacantes nominales, le robó la pelota a Sao Paulo cuando estuvieron once contra once. A la luz del desarrollo del partido, mereció traerse algo más desde Brasil el cuadro chileno.
Al final no pudo. Lo positivo eso sí, es que sigue vivo pensando en avanzar de ronda y le presentó al continente una grata imagen en las ligas mayores. Y en ese balance azul mucho tiene que ver su técnico Mario Salas, un nombre que debería dar mucho que hablar en su futuro profesional si mantiene la proyección que ha demostrado en su promisoria carrera como entrenador.
La conversión del rugbista
Mario Salas fue un obrero del medio campo en su trayectoria como futbolista. Volante defensivo con vocación de fogonero, ganó fama por su despliegue y pierna fuerte en sus pasos por Everton de Viña del Mar, Unión Española, Palestino, Colo Colo, Santiago Morning y Santiago Wanderers.
Salas era de esos volantes que raspaban en la mitad de la cancha y sus características le permitieron mantener vigencia durante los doce años que vistió de corto. Ese perfil de jugador lo forjó en sus inicios como rugbista en Viña del Mar, destacándose en el quince del Mackay School de Reñaca y disputando el Sudamericano de Rugby de 1986.
Salas fue un futbolista con gran orden táctico que entendía el juego; de esos jugadores que logran transformándose en una suerte de entrenador adentro de la cancha.
El ADN aguerrido y táctico del rugbista fueron la herencia que traspasó a su juego futbolístico, desarrollando una carrera sin grandes luces ni portadas; con apenas seis partidos por la Selección Nacional, pero con el rótulo de titular en casi todos los equipos que defendió.
Más allá de sus virtudes y defectos, hubo una característica que siempre resaltaron quienes dirigieron al volante: Salas fue un futbolista con gran orden táctico que entendía el juego; de esos jugadores que logran transformándose en una suerte de entrenador adentro de la cancha. Cualidad, que sumada a su carácter y capacidad de liderazgo, hicieron lógica su determinación de transformarse en técnico.
DT obsesivo y trabajador
Con el título de Profesor de Educación Física bajo el brazo, Salas comenzó como ayudante técnico de Gualberto Jara en la Universidad de Concepción (2005/06). Luego acompañó a Marcelo Espina el 2008 en Unión Española y a Nelson Acosta en Everton el 2009.
Su debut como entrenador titular llegó el 2010, en la tercera división del fútbol chileno dirigiendo a Barnechea, un cuadro sin historia en el profesionalismo desde que en 1983 diera el salto desde el fútbol amateur.
Rápidamente su estilo se destacó, imprimiéndole a su equipo verticalidad en el juego, intensidad en la propuesta y la capacidad de anteponer su idea futbolística a los nombres propios del plantel.
Ascendió velozmente a Primera B, y en las primeras dos temporadas del club en Segunda protagonizó destacadas campañas, las que lo tuvieron muy cerca de alcanzar la división de honor (Primera A).
Su estilo y seriedad le permitieron, en diciembre de 2012, ser contratado por la ANFP para agarrar el “fierro caliente” de la Selección Sub-20 que se quedó sin técnico a un mes del Sudamericano por la renuncia de Fernando Carvallo. Salas asumió el desafío y clasificó al Mundial de Turquía, certamen en el que Chile hizo una buena campaña llegando a cuartos de final (eliminado por Ghana en la prórroga).
Poco amigo de las entrevistas, obsesivo en la táctica (generalmente para a sus cuadros con 4-2-3-1) y encasillado en la línea técnica de los entrenadores seguidores del método antes que la intuición, Salas dejó una muy buena imagen en su paso por la selección juvenil, el que tuvo un abrupto final en septiembre de 2013, cuando fue despedido por desavenencias con Hugo Tocalli, gerente de Selecciones Juveniles del fútbol chileno.
Tren al sur
Sin compromisos y libre, en diciembre de 2013 recibió el llamado de Huachipato, club serio de la zona sur de Chile que pasaba un complicado momento financiero y deportivo luego de haber conseguido el segundo título nacional de su historia en el Clausura 2012.
Los inicios fueron complicados. Con un plantel muy joven y sin grandes estrellas, Huachipato sufrió un par de goleadas en contra y el medio criticó la “tozudez táctica” del entrenador.
Un año después el panorama era muy distinto, con el cuadro acerero peleando el descenso. El exrugbista aceptó el desafío y de inmediato le imprimió su impronta técnica a los acereros, proponiendo un estilo frontal y ofensivo.
Los inicios fueron complicados. Con un plantel muy joven y sin grandes estrellas, Huachipato sufrió un par de goleadas en contra y el medio criticó la “tozudez táctica” del entrenador. Sin embargo, perseveró. Confirmó sus convicciones y poco a poco fue afirmándose en el cargo y consiguiendo resultados. Salas logró zafar del descenso, clasificó a la Copa Sudamericana y hoy, con uno de los presupuestos más austeros del fútbol chileno, tiene a su equipo en la parta alta de la tabla, con una base de 16 jugadores formados en casa que promedian menos de 25 años.
Con ese contexto se presentó Huachipato el martes en el Morumbí, mostrando las credenciales que ya son la marca registrada de su entrenador: personalidad, vocación ofensiva e intensidad.
¿Le alcanzará para eliminar al gigante y meterse en cuartos? Ojalá. Pero más allá del resultado coyuntural ojo con el nombre de Mario Salas, un técnico que a los 46 años empieza a destacar en el fútbol chileno.


FRANCISCO SAGREDO 

Pese a perder 1 a 0, la prensa sudamericana regaló elogios para la presentación de Huachipato en el Morumbí por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana.

Acá un perfil de Mario Salas en mi columna de esta semana en el sitio www.pasionlibertadores.com @panchosagredo


Solo seis mil personas había el martes en el Morumbí de San Pablo. Poco público para un duelo de octavos de final de la Copa Sudamericana. La irregular campaña del local en el Brasileirao, el desinterés de los brasileños en las rondas iniciales de los torneos continentales y el escaso cartel internacional del rival de turno, Huachipato, explican la escasa convocatoria.

Sin embargo, lo ocurrido sobre la enorme cancha paulista debe haber sorprendido a quienes no habían visto en acción al equipo “acerero” (el club es propiedad de CAP, principal grupo siderúrgico chileno).
Huachipato cayó por la mínima, pero dejó abierta la llave y logró equiparar, y por varios pasajes superar, el poderío futbolístico de un equipo que cuenta en su plantel con estrellas de talla planetaria: Luis Fabiano, Pato, Kaká, Michel Bastos, Rogerio Ceni, etc.
Al final no pudo Huachipato. Pero lo positivo es que sigue vivo pensando en avanzar de ronda y le presentó al continente una grata imagen en las ligas mayores.
Es cierto que el local reservó a varias de sus figuras y jugó medio partido con uno menos por la expulsión de Luis Fabiano, pero más allá de las circunstancias puntuales, el equipo chileno se paró de igual a igual y con tres atacantes nominales, le robó la pelota a Sao Paulo cuando estuvieron once contra once. A la luz del desarrollo del partido, mereció traerse algo más desde Brasil el cuadro chileno.
Al final no pudo. Lo positivo eso sí, es que sigue vivo pensando en avanzar de ronda y le presentó al continente una grata imagen en las ligas mayores. Y en ese balance azul mucho tiene que ver su técnico Mario Salas, un nombre que debería dar mucho que hablar en su futuro profesional si mantiene la proyección que ha demostrado en su promisoria carrera como entrenador.
La conversión del rugbista
Mario Salas fue un obrero del medio campo en su trayectoria como futbolista. Volante defensivo con vocación de fogonero, ganó fama por su despliegue y pierna fuerte en sus pasos por Everton de Viña del Mar, Unión Española, Palestino, Colo Colo, Santiago Morning y Santiago Wanderers.
Salas era de esos volantes que raspaban en la mitad de la cancha y sus características le permitieron mantener vigencia durante los doce años que vistió de corto. Ese perfil de jugador lo forjó en sus inicios como rugbista en Viña del Mar, destacándose en el quince del Mackay School de Reñaca y disputando el Sudamericano de Rugby de 1986.
Salas fue un futbolista con gran orden táctico que entendía el juego; de esos jugadores que logran transformándose en una suerte de entrenador adentro de la cancha.
El ADN aguerrido y táctico del rugbista fueron la herencia que traspasó a su juego futbolístico, desarrollando una carrera sin grandes luces ni portadas; con apenas seis partidos por la Selección Nacional, pero con el rótulo de titular en casi todos los equipos que defendió.
Más allá de sus virtudes y defectos, hubo una característica que siempre resaltaron quienes dirigieron al volante: Salas fue un futbolista con gran orden táctico que entendía el juego; de esos jugadores que logran transformándose en una suerte de entrenador adentro de la cancha. Cualidad, que sumada a su carácter y capacidad de liderazgo, hicieron lógica su determinación de transformarse en técnico.
DT obsesivo y trabajador
Con el título de Profesor de Educación Física bajo el brazo, Salas comenzó como ayudante técnico de Gualberto Jara en la Universidad de Concepción (2005/06). Luego acompañó a Marcelo Espina el 2008 en Unión Española y a Nelson Acosta en Everton el 2009.
Su debut como entrenador titular llegó el 2010, en la tercera división del fútbol chileno dirigiendo a Barnechea, un cuadro sin historia en el profesionalismo desde que en 1983 diera el salto desde el fútbol amateur.
Rápidamente su estilo se destacó, imprimiéndole a su equipo verticalidad en el juego, intensidad en la propuesta y la capacidad de anteponer su idea futbolística a los nombres propios del plantel.
Ascendió velozmente a Primera B, y en las primeras dos temporadas del club en Segunda protagonizó destacadas campañas, las que lo tuvieron muy cerca de alcanzar la división de honor (Primera A).
Su estilo y seriedad le permitieron, en diciembre de 2012, ser contratado por la ANFP para agarrar el “fierro caliente” de la Selección Sub-20 que se quedó sin técnico a un mes del Sudamericano por la renuncia de Fernando Carvallo. Salas asumió el desafío y clasificó al Mundial de Turquía, certamen en el que Chile hizo una buena campaña llegando a cuartos de final (eliminado por Ghana en la prórroga).
Poco amigo de las entrevistas, obsesivo en la táctica (generalmente para a sus cuadros con 4-2-3-1) y encasillado en la línea técnica de los entrenadores seguidores del método antes que la intuición, Salas dejó una muy buena imagen en su paso por la selección juvenil, el que tuvo un abrupto final en septiembre de 2013, cuando fue despedido por desavenencias con Hugo Tocalli, gerente de Selecciones Juveniles del fútbol chileno.
Tren al sur
Sin compromisos y libre, en diciembre de 2013 recibió el llamado de Huachipato, club serio de la zona sur de Chile que pasaba un complicado momento financiero y deportivo luego de haber conseguido el segundo título nacional de su historia en el Clausura 2012.
Los inicios fueron complicados. Con un plantel muy joven y sin grandes estrellas, Huachipato sufrió un par de goleadas en contra y el medio criticó la “tozudez táctica” del entrenador.
Un año después el panorama era muy distinto, con el cuadro acerero peleando el descenso. El exrugbista aceptó el desafío y de inmediato le imprimió su impronta técnica a los acereros, proponiendo un estilo frontal y ofensivo.
Los inicios fueron complicados. Con un plantel muy joven y sin grandes estrellas, Huachipato sufrió un par de goleadas en contra y el medio criticó la “tozudez táctica” del entrenador. Sin embargo, perseveró. Confirmó sus convicciones y poco a poco fue afirmándose en el cargo y consiguiendo resultados. Salas logró zafar del descenso, clasificó a la Copa Sudamericana y hoy, con uno de los presupuestos más austeros del fútbol chileno, tiene a su equipo en la parta alta de la tabla, con una base de 16 jugadores formados en casa que promedian menos de 25 años.
Con ese contexto se presentó Huachipato el martes en el Morumbí, mostrando las credenciales que ya son la marca registrada de su entrenador: personalidad, vocación ofensiva e intensidad.
¿Le alcanzará para eliminar al gigante y meterse en cuartos? Ojalá. Pero más allá del resultado coyuntural ojo con el nombre de Mario Salas, un técnico que a los 46 años empieza a destacar en el fútbol chileno.


FRANCISCO SAGREDO